La Cumparsita tango, hablemos de su nacimiento.

La Cumparsita, su creador

Durante la belle époque –período que finaliza con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914- en las capitales europeas se abrieron salas de concierto, cafés y cabarets frecuentados por una pujante y alegre burguesía. Buenos Aires no podía quedar ajeno a ese movimiento cultural, y así nacieron varios cabarets en la capital de Argentina.

En uno de los recién inaugurados cabarets, denominado Armenonville, sus propietarios decidieron,  en 1913, que fueran sus clientes habituales quienes eligieran la nueva orquesta de tango.  Un joven pianista, llamado Roberto Firpo, resultó elegido. De este modo Firpo logró el reconocimiento del piano como conductor de las orquestas de tango y más adelante incorporó también el contrabajo, convirtiéndose en el director de orquesta más demandado en aquellos años.

Cuando estaba de gira por Montevideo, Firpo recibió de un tímido joven, llamado Gerardo Mattos Rodríguez, la partitura de un tango que había sido denominado La cumparsita –expresión derivada de comparsa- por su creador. Firpo lo tocó con gran éxito esa noche al punto que tuvo que repetir su ejecución varias veces. Desde entonces, la fama que adquirió esa pieza musical hizo que fuese considera el himno nacional del tango. Por ese motivo, es una costumbre consagrada que en todas las milongas tangueras, sea La Cumparsita la que ponga el broche final a la noche.

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La Cumparsita

Letra: La Cumparsita

Lyrics & music: Gerardo Mattos Rodríguez

La Cumparsa
de miserias sin fin
desfila,
en torno de aquel ser
enfermo,
que pronto ha de morir
de pena.
Por eso es que en su lecho
solloza acongojado,
recordando el pasado
que lo hace padecer.

Abandonó a su viejita.
Que quedó desamparada.
Y loco de pasión,
ciego de amor,
corrió
tras de su amada,
que era linda, era hechicera,
de lujuria era una flor,
que burló su querer
hasta que se cansó
y por otro lo dejó.

Largo tiempo
después, cayó al hogar
materno.
Para poder curar
su enfermo
y herido corazón.
Y supo
que su viejita santa,
la que él había dejado,
el invierno pasado
de frío se murió

Hoy ya solo abandonado,
a lo triste de su suerte,
ansioso espera la muerte,
que bien pronto ha de llegar.
Y entre la triste frialdad
que lenta invade el corazón
sintió la cruda sensación
de su maldad.

Entre sombras
se le oye respirar
sufriente,
al que antes de morir
sonríe,
porque una dulce paz le llega.
Sintió que desde el cielo
la madrecita buena
mitigando sus penas
sus culpas perdonó.

En la Milonga 2×4 mensual de la zona noroeste de Madrid, cerramos la noche como es tradicional, con La Cumparsita. Te esperamos el próximo primer sábado del mes. Más información de la Milonga 2×4 en +34 617352309

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